sábado, 20 de junio de 2020

SE TRASPASA

Entre los comercios que no van a volver a abrir después de la crisis sanitaria provocada por el coronavirus, está una librería de la que he sido clienta. Ayer, en el momento en que pasé por delante de la puerta y vi la persiana bajada y el cerrojo echado, me lo imaginé; pero es que, además, me bastó descubrir a un operario que se acercaba con el letrero de “Se traspasa” en las manos para que ya no me cupiese ninguna duda.
Con el corazón encogido me puse a pensar en las veces que había estado en el interior de aquel local, para comprar libros o útiles de escribir; y, en ese estado me hallaba, cuando apareció el dueño y me saludó.
El anciano, pues de una persona de muchos años se trataba, me invitó a pasar al establecimiento a través de una puerta lateral; y, una vez dentro, comenzó a remembrar historias.
Me contó que la época dorada del negocio fue en la década de los sesenta, coincidiendo con el boom latinoamericano. Habló de unos  novios que, siendo estudiantes de Medicina y lectores de Cortázar, le habían comprado “Rayuela”; y de como ya casados y con la especialidad hecha, habían vuelto para llevarse “El libro de Manuel”. También mencionó a un señor aparentemente muy formal que lucía barba y bigote, y al que le encantaban las novelas pornográficas. Sus autores preferidos eran Anaïs Nin y Henry Miller; y añadió que se las tenía que traer del extranjero, sorteando la censura franquista... Finalmente recordó a una joven de familia adinerada y muy católica que leía a Bakunin y presumía de progre.

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