Existe gente que va a su bola, que no se mete en líos ajenos; tranquila, a la que no le gusta discutir... También hay creaturas que, aún yendo a lo suyo, si las buscas las encuentras; y después están los que siempre parecen tener ganas de contienda.
Pero en estos tiempos anómalos que estamos viviendo, cualquier trastornadura es posible; y así, personas de natural pacífico pueden aparecer como vulgares pendencieros.
Y a este último grupo quiero pensar que pertenecía la mujer que, la otra tarde, se encaró conmigo durante el paseo. En su descargo he de decir que a pesar de ponerse frente a mí, lo hizo guardando la distancia de seguridad; aunque eso no obstó para que me hablara de un modo muy agresivo.
Me recriminó porque, según ella, le había lanzado miradas aviesas mientras murmuraba entre dientes. Y yo me quedé estupefacta ya que nada de eso había sucedido. Es cierto que tengo una cara muy difícil y que quien me ve por primera vez puede confundirse, pero para llegar a pensar así...
En fin, que el maldito coronavirus nos tiene a todos histéricos.
sábado, 20 de junio de 2020
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