sábado, 20 de junio de 2020

CUANDO ME FALTA EL ÁNIMO

A veces siento el impulso de salir a la calle e ir aquí o allí; pero enseguida recuerdo que estamos a merced de un virus cabrón; y que, por lo tanto, vivimos en cautiverio. El condenado acecha fuera, y a mí me pesa cada día más esta existencia condicionada. El deseo de volar se presenta a deshoras; y si en el momento que viene no lo puedo realizar, me siento frustrada.
Me horrorizan las imágenes que vi el otro día en televisión. Esos chalecos que ejercen como controladores; y que, al llevarlos puestos, pitan histéricos cuando se rompe la distancia de seguridad. ¡Vamos a ser como los coches con alarma! Sé que están hechos para proteger, pero al pensar en ellos me siento abatida. Y me vencen las noticias referentes a los programas informáticos que nos ampararán, pero también nos gobernarán...
¡Cómo anhelo la libertad de antes! En ocasiones tengo la sensación de que esta situación no va a acabar nunca; pero luego recapacito y me digo que es la hora del sacrificio. Que tenemos que renunciar temporalmente a muchas cosas para conseguir otra mejor; que es en estas situaciones donde tenemos que dar lo mejor de nosotros mismos; que todo va a pasar pronto...

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