domingo, 7 de junio de 2020

DESDE EL SOFÁ DE MI CASA


El confinamiento es muy duro y las certezas tardan en llegar, pero la luz está al otro lado del túnel. A esta idea es a la que intento aferrarme en los momentos de bajón; que, conforme pasan los días, van repitiéndose con más frecuencia.
Y no es que esté casi siempre abatida, ¡qué va! Hay ratos en los que logro abstraerme de la realidad en la que estamos inmersos; otros en los que me siento optimista y veo las cosas en su aspecto más favorable; y algunos en los que lo único que consigo percibir es una pavorosa negrura... 
La guerra hasta ahora no me ha tocado de cerca y no veo las bombas caer al otro lado de la ventana. Asisto a ella desde el sofá de mi casa, simplemente encendiendo la radio o la televisión; pero el hecho de no estar en el frente, y de no vivir directamente las consecuencias, no significa que no me estén afectando profundamente. Me identifico con las víctimas y comparto su dolor: estas personas tienen cara, nombre y apellidos.
En los momentos más negativos, mi famosa fuerza se esconde; y ni la maravillosa canción “Resistiré” (himno de esta lucha), ni los eslóganes lanzados para mantener la moral de la población, logran levantar mi ánimo. Tampoco lo consiguen, sino más bien al contrario, las banalidades revestidas de trascendencia que circulan por La Red; y ni siquiera la gente del Post, con su talento, puede distraerme.
Lo único que me hace concebir esperanzas es darme un paseo por la historia y comprobar que, pese a enfrentarse a los mayores obstáculos, el hombre siempre ha conseguido salir adelante.

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