domingo, 7 de junio de 2020

EL FANTASMA Y LA ECONOMÍA ACTUARIAL


El actuario al que le sucedieron los hechos que narro se llama José. A él le dedico mi escrito.

A los fantasmones no los puedo soportar. Ese presumir constante, independientemente de que lo que estén diciendo sean exageraciones o mentiras, provoca en mi ánimo una irritación que me lleva al borde del estallido. Y eso que siempre procuro mirar a la gente a través de sus defectos; pero es que estas imperfecciones me resultan tan desagradables, que me es imposible llegar al alma de quienes las poseen.
Una vez, me encontré con un amigo al que no veía desde hacía siglos; y, como se me ocurrió preguntarle por su vida, tuve que soportar que durante dos horas y media se  estuviera dando pisto. Sin un ápice de pudor, el jactancioso fue desgranando sus triunfos profesionales y personales uno detrás de otro; y tanto me airó, que deseé ardientemente que se convirtiera en un pavo.
Menos mal que al final ocurrió algo que me resarció por completo. Según confesó la vana creatura, lo único que no había podido conseguir en su vida era la especialidad de economía actuarial, por no entrarle las matemáticas; y, mire usted por donde, estaba hablando con un actuario.
Y lo mejor de todo fue que, cuando me preguntó cuál era mi profesión y se lo dije, puso mala cara, se dio la vuelta y se marchó.

No hay comentarios: