El bolso, si lo miras ligeramente, te parece de jarapa. Pero cuando lo coges entre las manos y te fijas en él, adviertes que es una labor de ganchillo hecha con hilos de muchos colores. Sus asas son negras y su forro estampado; y, para completar la descripción, diré que tiene una forma rectangular y el tamaño de un folio.
Esta especie de talega, de la que acabo de definir su apariencia, es un regalo que me hicieron hace unas semanas; un obsequio con el que lograron conmoverme. Primero, porque fue inesperado; y después, porque era obra de la persona que me lo dio.
Desde el primer momento la filigrana me encantó, y enseguida supe que iba a ser el complemento perfecto de un vestido negro que me compré hace años en una boutique en Bagur; un modelo precioso al que esta pizca de color iba a añadir lustre...
Y mientras llega el verano y lo puedo lucir, pienso que si tal o cual famoso lo patrocinara, mi bolsito causaría sensación.

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