sábado, 20 de junio de 2020

UNA COSTUMBRE HORRENDA


¡Perdóname! Ya sé que tu nombre es Brígida; pero si te he llamado Comi, no ha sido con mala intención, sino con toda la ternura del mundo.
Supongo que no descubro ningún secreto si te digo que en el pueblo te apodan la Comillas; y también doy por sentado que conoces el porqué. A ti se te pega con mucha facilidad cualquier latiguillo que se ponga de moda, y eres muy dada a gesticular. Y ya sé que estas dos características resultan muy prácticas para darse a entender; pero convendrás conmigo en que muy elegantes no parecen.
Cuando hace un tiempo se empezó a estilar ese horrible gesto de doblar los dedos índice y cordial de las dos manos para expresar que la palabra que se estaba pronunciando tenía un sentido especial, sabía que tú lo adoptarías enseguida. Y lo hiciste con tanto entusiasmo que, en la fecha presente, es imposible imaginarte sin las palmas a uno y otro lado de la cara, mientras abres y cierras los apendices señalados.
Tendrías que grabarte y contemplarte en acción. Seguro que si advirtieras el efecto que causas, no caerías más en ese vicio.

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