A mí las faldas que más me gustan son las maxis. Pero no me refiero a esos faldamentos que sin gracia caen de la cintura a los pies; sino a aquellas prendas bien confeccionadas que con garbo alcanzan la media pierna.
La primera maxifalda que vestí la encontré en un baúl de mi casa. Era de color castaño claro, y llevaba cinturón. Me la puse para asistir a no sé qué evento; y recuerdo que tuve la sensación de ir disfrazada porque todas las demás muchachas llevaban minifalda, o trajes de largura normal (hasta la rodilla).
Durante aquel verano en el pueblo volví a lucir muchas veces la falda beis. Y lo hice porque, por encima de la incomodidad que me causaba ir ataviada en contra de la tendencia general, estaba la satisfacción de saberme muy favorecida y elegante con ella.
Luego regresé a la ciudad; y, en el estío siguiente, tuve una maxi de cuadros blancos y negros cortada al bies que deshice de tanto usarla.

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