En estos momentos de confinamiento, me acuerdo muchas veces de los amantes del callejeo. De esas creaturas que, sin ser por causas laborales, se pasan el día en la vía pública. De aquellos que sólo se recogen para comer o dormir...
Me los imagino entre las cuatro paredes de su hogar, lánguidos y marchitos, porque les falta el ajetreo del exterior que los mantiene en forma. Los veo mirar con gran zozobra el tiempo vacío que no saben cómo ocupar. Sentir que la casa se les cae encima, y no encontrar a su alrededor más recursos que la comida, la radio o la televisión para distraer la angustia...
A todos los que encuentran en la calle el ambiente adecuado a sus gustos y necesidades les envío mi ánimo y mis mejores deseos; y ojalá pronto todos podamos deambular por ella.

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