sábado, 20 de junio de 2020

JUSTIFICANDO UN DISPENDIO

Doña Igual
Mi nombre es María Bertila; aunque todo el mundo me llama doña Igual. La razón de tal apelativo es que siempre voy ataviada de la misma manera; que no renuevo mi vestuario. Tengo tres hatos de invierno y tres de verano, que son los que me pongo ordinariamente según haga frío o calor. Y, si alguna vez necesito endomingarme, desempolvo el traje de entretiempo que me compré en París o el de guipur que estrené en la boda de la Encarna, y con uno u otro me avío. Y con los zapatos ocurre lo mismo; me duran una eternidad. Realmente, si no fuera porque las arrugas se empeñan en salir y salir, ajándome por momentos, mi imagen de hoy sería indistinguible de la del año pasado por estas fechas, y de la del anterior; porque mi vestido y mi aderezo serían los mismos.
Prendada de unas chinelas
Pero ahora, en estos días, esta paz indumentaria de la que he venido gozando se está viendo perturbada por una inquietud. Un desasosiego que me provocan unas chinelas  que hay en el escaparate de una tienda, y que no voy a tener más remedio que comprar. Cuando las veo sobresalir en la vitrina, con su bonito color plateado y su fina suela negra, siento un deseo irrefrenable de que luzcan en mis pies. Tienen que ser mías, pienso; y, dominada por este deseo, soy incapaz de preguntarme si con este calzado tan psicodélico voy a poder andar y si me lo puedo permitir.

No hay comentarios: