sábado, 20 de junio de 2020

EL CHARLATÁN

El día en que presencié un embaucamiento
Cuando tenía nueve o diez años advertí que con labia se podían hacer prodigios. Ocurrió el día en que un vendedor ambulante llegó al pueblo y, pese a ser un adefesio  y llevar muelas de oro, indujo a los lugareños a que le compraran todo el género. De pie, en la trasera de su camión, con una verbosidad y unos ademanes muy persuasorios, el charlatán consiguió que la mercancía cambiara de manos...

El deseo de persuadir
Aleccionado por las imágenes de semejante embaucamiento, a partir de ese instante procuré hablar siempre de un modo que mis palabras conmoviesen a quienes las escucharan; y puse tanto empeño en lograr mi propósito que, antes de entrar en la veintena, ya dominaba el arte de la elocuencia.

Mi relación con las mujeres
Y fue esta sapiencia la que me permitió, siendo chaparro y renegrido, tener éxito con las mujeres. Al principio me parecía imposible conquistarlas si había adonis que también lo pretendieran; pero como pronto me di cuenta de que estos apolos solían ser unos  fatuos, y de que a muchas féminas les disgustaba su presunción e inanidad, no me costó pasar del amilanamiento a tomar la iniciativa.

La profesión que ejercí
Por lo que toca a mi profesión, tengo que decir que me dediqué a la política. Cuando terminé la carrera, hice un curso de oratoria con el profesor Pico de Oro, y acabé siendo el summum en el campo de la expresión oral. Nunca hice nada por los que me votaron, pero nadie les prometió hacer cosas con tanto convencimiento como yo.

El debut en televisión
Y ahora que la charlatanería está tan de moda en televisión, me he sometido a un lifting y a un implante de pelo, y voy a debutar en ella como comentarista.

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