sábado, 20 de junio de 2020

UNA PASIÓN TRASTORNADORA

Si tuviera que compendiar lo que quiero narrar en unas pocas frases, me valdría de esa copla popular que dice: “Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio...”
Y es que el amor obsesivo es un horror. Durante el tiempo que lo padecí, no me pude quitar de la cabeza a la persona amada; y era tan grande la perturbación que esta idea fija me provocaba, que mi comportamiento se vio condicionado y me fue imposible mantener una relación normal con ella.
En mi historia no hubo sexo, pero sí miradas que me hacían temblar de arriba abajo, y que yo identificaba con la muerte y la resurrección. Ojos que buscaba entre clase y clase, porque los intuía clavados en mí; roces que en las lecciones prácticas me dejaban paralizada, quizá esperando que no se acabaran nunca; manos alargadas y finas que apenas se posaban en mi cintura... Y palabras, muchas palabras que me servirían para definir mi estado: delirio, enganche, adicción...
Mientras fui víctima de esta pasión dañosa salí con algún otro compañero de facultad; pero fue un simulacro de correspondencia, porque yo no podía pensar en otra cosa que no fueran esas miradas que tenían más potencia que un reactor nuclear.

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