sábado, 20 de junio de 2020

EN PLENO BAUTIZO

Mi cónyuge y yo tenemos una inexpresividad apabullante; parecemos hechos de granito. Pero esto no quiere decir que seamos incapaces de sentir o padecer, sino que no podemos y/o no sabemos manifestar lo que notamos por dentro.
Ahora estamos en un bautizo; y, por nuestros semblantes, lo mismo podríamos encontrarnos en un funeral. A un espectador que no viera el ambiente que nos rodea, le sería imposible asegurar en cual de los dos eventos nos hallamos. Y eso que el gorgojo que está recibiendo las aguas bautismales parece un bollete y dan ganas de comérselo; pero nada, esa ternura que nos invade no la logramos descubrir...
Advierto que los demás invitados han empezado a mirarnos con recelo. Deben de pensar que somos unos engreídos o que nos aflige algún mal. Confío en que después,  en el convite, como soy una buena conversadora, pueda paliar la penosa impresión que estamos causando.

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