La jena y la imaginación me están permitiendo transitar con bastante garbo por esta etapa de decadencia en la que me encuentro.
Yo primero me tiño las canas; y, ya con la cabeza coloreada, me sobran ánimos para reírme de las arrugas, la cintura que se fue, la encorvadura de la espalda y todo lo que se me ponga por delante.
Esta facultad del alma, cual es la fantasía, me ha amparado en momentos difíciles de insoportable dolor; y me está protegiendo en este maremágnum de incertezas en el que nos ha sumido la COVID-19. Ha puesto magia en mi vida, y me ha proporcionado instantes de enorme satisfacción.
Por ello, cuando esta mañana he pensado en la posibilidad de que, cansada de tanto tute, mi capacidad creadora empiece a flaquear, me ha entrado una especie de canguelo. Porque ¿qué sería de mí si al mirar un kiwi viera solo un fruto de piel marrón y con pelusa? ¡Menuda reducción! ¡Pero si lo que yo pienso al tenerlo delante de mis ojos es en la fascinante historia que podría contar entremezclada con la descripción de su peladura!
sábado, 20 de junio de 2020
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