domingo, 7 de junio de 2020

GENTE QUE ME HE ENCONTRADO EN LAS MADRUGADAS


Cuando de madrugada me pongo a hacer gimnasia, lo normal es que la sesión transcurra sin contratiempos; sin embargo, ha habido ocasiones en las que no ha sucedido así. Veces en las que, por haber invitados en la casa donde me encontraba, éstos me han sorprendido en pleno ejercicio...

El alcohólico

Una de estas personas que me pilló desprevenida fue un manitas quincuagenario en Bagur. Él había venido el día anterior de Barcelona para hacer unos arreglos en una tapia; y, por no haber podido terminarlos, se había quedado a dormir. Pues bien, a las cuatro de la mañana, en el momento en que en el tocadiscos sonaba la voz de Pedro Infante cantando “Bésame Morenita” y yo volteaba en el aire, el hombre cincuenteno salió de su habitación completamente vestido y me pidió una copa de arguardiente. Como yo le dijera que en la casa no había alcohol, se mostró confundido; y,  farfullando una breve explicación, se marchó en busca de un bar que estuviera abierto.

El genio

Otra creatura que me descubrió cabriolando antes del amanecer fue un joven que había venido con sus padres a pasar el fin de semana al pueblo. Recuerdo que, cuando el susodicho entró en la habitación en la que yo me encontraba, del picú salían las notas de “Evil Ways” de Santana; y también tengo en la mente que, después de saludar, se sentó en una silla y me pidió que me olvidara de él y que siguiera con el espectáculo. Yo al principio me sentí intimidada porque, con su mirada fulgúrea, el invitado madrugador parecía penetrar hasta el fondo de mi espíritu; pero pronto me relajé y continué dando volteretas.

La histérica

Esta mujer parecía vivir permanentemente alterada; la palabra sosiego no formaba parte de su vocabulario. Una vez que ella y su marido, de camino a Francia, pernoctaron aquí en Barcelona, se levantó poco después de la medianoche, en el tiempo en que me oyó trajinar por la casa. Me siguió; y aseguro que, en el momento en el que apareció en el cuarto donde me hallaba yo haciendo el pino, el disco de “Las danzas húngaras” de Brahms empezó a girar a más revoluciones. 

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