El confinamiento es muy duro, pero si tu casa mide pocos metros cuadrados puede serlo más. No es lo mismo permanecer recluido en una mansión, que en un piso mediano o en un estudio; ni tampoco es igual disponer de terraza o balcón que tener una simple ventana. Aunque lo que verdaderamente cuenta es la imaginación. Con ella puedes añadir superficie a tu vivienda; cambiar el moblaje cada día; o, si te apetece, abrir los cristales y volar. Yo, por ejemplo, recorro normalmente mi pasillo en tres zancajadas; pero ahora, muchas tardes me figuro que es el bulevar y me doy agradables paseos por él.
A veces me cruzo con el viejo de la garrota y compruebo que, como siempre, va al trote y sigue sin saludar; o con ese hombre bajo que, en cuanto oye hablar a su espalda, se para y deja que los que van detrás le tomen la delantera... Hoy me he encontrado con el dandi; y, sentados debajo de una palmera, hemos platicado sobre lo insoportable que puede llegar a ser la reclusión y de los diferentes recursos que cada cual tiene para sobrellevarla. Y esto es así porque a unos les gusta callejear y a otros mantenerse recogidos; los hay que disfrutan leyendo y están los que se pirran por el palique en la terraza de un bar; los que aman el bricolaje y los que necesitan sentir el bullir de la ciudad...
En fin, ánimo a todos.

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