viernes, 11 de septiembre de 2020

LOS PERIPLOS MAÑANEROS DE SARBELIO PÉREZ

 Mis periplos mañaneros de ahora tienen poca semejanza con los del año pasado por estas fechas. Entonces salía de mi casa sin mascarilla, preocupación ni observancia, y    el recorrido era un goce. Pero en el presente, cargado con estas tres cosas, me siento condicionado y no consigo disfrutar.

El trayecto no ha variado: de mi casa a la papelería; de ésta a la tahona; y regreso al punto de partida. Lo que ocurre es que antes, la salida para comprar el pan y el periódico se podía convertir en una aventura con infinitas posibilidades; y en estos momentos, esa ruta es un mero itinerario donde lo que prima es la precaución.

Echar de menos

Añoro el despejo con que nos tratábamos en el tiempo anterior a la pandemia; confraternizar con mis paisanos sin tener que observar la distancia de seguridad; juntarme con fulano o con mengano en la caseta, y comentar las noticias del diario mientras nos tomamos un refresco de limón; las parrafadas con los panaderos, y las probaduras, previo enfriamiento, de las exquisiteces que iban saliendo del horno.

Dejar en herencia

Mi compadre dice que, como recordatorio de la COVID-19, le va a dejar a sus futuros nietos las mascarillas que le sobren... Pero los míos van a heredar algo más. Mis sucesores van a recibir un cuadro en el que aparezco yo, Sarbelio Pérez, cubierto el rostro con mascarilla, y con un pan y un periódico entre las manos. La bruma formada por el temor y la responsabilidad lo oscurecen todo, excepto un punto de luz en el horizonte que se adivina el remedio. Se va a titular “Un periplo mañanero en tiempos de pandemia”, y lo está pintando mi mujer.  
















No hay comentarios: