viernes, 11 de septiembre de 2020

VERANO DE 1970: LAS HORAS DE PACHANGA Y LAS TRES HARPÍAS

 Las horas de pachanga, al contrario de lo que murmureaban las tres lenguas serpentinas que cada día nos veían pasar, no eran de despendole, sino de sana diversión. Comenzaban cuando el sol se ponía; y podían durar hasta las tantas, o aun al amanecer.

Después de haber permanecido durante todo el día encerrados en las casas a causa del calor, era el tiempo en que por fin nos hallábamos al raso; y, como resultaba lógico y natural, estábamos ansiosos de jolgorio.

Regocijo que nos llevaba allá o aquí en una especie de gira nocturnina, y cuyo primer alto siempre lo hacíamos en la cruz que presidía el camino del cementerio. Allí nos reíamos un rato de las tres brujas, y comentábamos con desdén lo requeteavinagradas que parecían. Creaturas que, envidiosas de la felicidad que transmitíamos, se dedicaban a propagar especies falsas sobre nosotros, y a intentar destruir nuestra reputación.  

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