Aunque parezca increíble, hay personas que alardean de mala educación; de ignorancia; de estupidez... Y lo hacen porque creen que actuando de esta manera resultan más naturales y sencillas.
También existen creaturas que pretenden remediar su falta de carácter con zafiedad y rustiquez; y así, en las contiendas domésticas, cuanto más marimandonas se muestran sus parejas, más toscas se vuelven ellas.
No son pocos los adultos que se escudan en la timidez para justificar las descortesías propias y las de familiares y amigos...
Abundan los niños malcriados molestosos e insufribles; y también los zanguangos que, aun antes de haber acabado de crecer, se abandonan a la indolencia y pasan de todo miramiento hacia los demás.
Pero a pesar de tanto cerril como anda suelto, hay en el mundo mucha gente amable y educada, y cuyo trato es un placer.
Este escrito se lo dedico a G., un pastor ovejero de mi pueblo que siempre tiene palabras cariñosas para todo el mundo.

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