viernes, 11 de septiembre de 2020

LA GALBANA QUE TRAE EL CALOR

 El calor excesivo aplatana y reblandece las ideas. Yo las mías me las imagino derretidas en el interior de la cabeza, cual si fueran los relojes del cuadro “La persistencia de la memoria” de Dalí. El maldito bochorno es el causante de que mi sofisticado entendimiento esté perdiendo agudeza y/o alcance, y se esté convirtiendo en unas vulgares entendederas sin pizca de penetración. Me siento incapaz de comprender el porqué de muchas cosas; y, cuando esto ocurre, el desconcierto se apodera de mí. Bien es verdad que en este estado de perplejidad suelo estar poco tiempo, pues el desinterés, comúnmente, no tarda en aparecer.

Y luego está ese aplatanamiento que te deja sin ganas de nada; esa pereza que cuesta tanto vencer. Los asuntos que tengo pendientes procuro resolverlos a primera hora de la mañana o a última de la tarde; y el resto del día me abandono a la indolencia. ¿De qué vendrá cargado este aire sofocante que tanto está influyendo en mi ánimo? Si yo de natural soy diligente y ágil; si las palabras que mejor me definen podrían ser activa, eficaz, ligera, presta. Uno dos; uno dos; uno dos; uno dos...

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