viernes, 11 de septiembre de 2020

UN PINTOR SIN TALENTO Y YO EN LAS EXEQUIAS DE DON HILARIÓN

 Durante las honras fúnebres que se celebraron por don Hilarión, tuve que valerme de una buena dosis de paciencia para no mandar a freír espárragos a un profesor de Pintura.

Fue algo alucinante porque, mientras todo el pueblo recordaba con tristeza al difunto y las circunstancias de su entierro (el pobrecito murió durante el confinamiento y sólo tres personas pudieron despedirse de él), el enseñante perverso no dejó de darme la tabarra acerca de mi trabajo como retratista.

En las escaleras del coro, con la mascarilla puesta y guardando la distancia de seguridad, este pintor frustrado y sin talento se dedicó a criticar mi obra (que es mi pasión y que intento hacer lo mejor posible), y a degradar el lugar donde la expongo.

Es evidente que si aguanté el discurso humillante de este señor fue porque la iglesia estaba con todo el aforo permitido, e irme hubiera significado molestar a mucha gente. 

¡Espero no volvérmelo a encontrar! 

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