viernes, 11 de septiembre de 2020

EL MAMOTRETO VERDE

 El tocadiscos de mi infancia era grande y pesado. Ahora lo recuerdo como un armatoste con forma de ataúd, pero entonces me parecía un artefacto mágico. Estaba colocado encima de una mesa, en un rincón del cuarto de estar; y al lado, en el espacio que quedaba libre en el tablero, siempre había un montón de discos desperdigados.

Yo me acercaba a él con mucho miramiento. Con gran atención alzaba su tapa de color verde oscuro y colocaba en el platillo giratorio el elepé o el sencillo que se me antojara; y después, ajustaba las revoluciones y activaba el mecanismo...

Ver como el brazo del picú se levantaba solo e iba a posarse en el borde del vinilo me fascinaba; y en ese estado permanecía mientras la aguja recorría sus surcos y se oía la canción.

Ahora me parece estar viendo carátulas que guardaban música clásica; sudamericana; francesa; italiana; rusa... Microsurcos de jazz; samba; blues... Singles de boleros; composiciones que habían ganado en el Festival de Benidorm... Me acuerdo de lo divertida y sorprendente que me parecía una ranchera que se llamaba “Bésame morenita”; y de lo que me gustaba “Al vent”. 

No hay comentarios: