viernes, 11 de septiembre de 2020

EL INDISPENSABLE ARREMPUJÓN

 La COVID-19 está minando mi espíritu. Antes casi siempre estaba animada; y ahora, son pocas las veces que consigo mantener esta actitud. La energía moral que me sobraba parece estar llegando a su fin y necesito urgentemente un impulso. Debería poder acoplarme a un enchufe y que la electricidad me diera, no un calambre, sino un arrempujón. Y aquí hago un inciso para explicarle a quien no lo sepa que “arrempujón” es como se llama al “empujón” en la fabla pueblerina; modo de hablar que, por haber nacido en una pequeña villa, llevo en el corazón.

Derecho de admisión

Durante unas semanas pensé que en mi mundo de fantasía podría seguir manteniendo el derecho de admisión. Que en la situación extraordinaria en la que nos había puesto la pandemia me sería posible seguir aceptando o denegando la entrada a las cosas, según me sirvieran o no para crear. Pero pronto vi que no; que cuando abría las ventanas de mi habitáculo (como necesariamente tenía que hacer) y entraba la realidad, ésta venía enteramente condicionada por el bicharraco y no cabía selección; que todo dependía de él, y sus efluvios corrompían cualquier atisbo de felicidad. Y a partir de entonces me fue imposible sustraerme a las circunstancias. 

Decepciones y chascazos

Esta mañana, en la radio, han comparado los rebrotes que no dejan de aparecer con la Hidra de Lerna y a mí me ha parecido un buen símil. Me uno a esta sociedad que se resiste a ser derrotada y pugna por avanzar. No quiero estar mustia; en estas condiciones, cualquier decepción se convierte en un chascazo. Quiero pensar que pronto llegará la solución... 

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