Esta mañana mi marido y yo hemos salido juntos de casa; y, como ambos somos muy despistados, ninguno ha advertido que él iba desenmascarado.
Cuando llevábamos recorrido un trecho, la mirada reprobatoria de un viandante con el que nos hemos cruzado nos ha hecho darnos cuenta de la situación; e, inmediatamente, hemos procurado enmendar el lapsus.
En la primera farmacia que hemos visto, he entrado yo y le he conseguido una mascarilla desechable; y, como tenían expuestos varios modelos de mujer, he comprado para mí seis de los que se pueden lavar. Dos de ellos son de topos, y los cuatro restantes tienen estampados con muchos colores.
Ahora estoy pensando con que camisas los puedo combinar; y albergo la esperanza de que esos tonos alegres y variopintos que van a cubrir mi boca y mi nariz se me metan para dentro cuando respire e impregnen mi espíritu. ¡Falta me hace!

No hay comentarios:
Publicar un comentario