La relaciones de amistad son complicadas. A veces uno cree que ha actuado de la mejor manera posible con un amigo y resulta que no ha sido así; que atendiendo a la reacción extemporánea de éste, le debes de haber hecho mucho mal, cuando lo que pretendías era ocasionarle un inmenso bien.
Agraviado por su comportamiento te sumerges en un estado de desconcierto y enfado; y, como por más que lo consideres no le encuentras justificación, con el paso de los días el cabreo inicial se va convirtiendo en resentimiento.
Es entonces cuando calibras el afecto que compartís tu camarada y tú y decides ofrecerle la oportunidad de explicarse y con ello de desfacer el entuerto. Piensas que es necesario descubrir qué es lo que ha ocasionado el pique entre los dos, para poder seguir tratándoos con confianza; te sientes tan enojado que desconfías de que sólo el paso del tiempo, sin aclaraciones, logre arreglar el desaguisado; necesitas alejar la desazón...

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