viernes, 11 de septiembre de 2020

CUANDO RAMONA BAILÓ CON WILLIAM HOLDEN

 Cuando Ramona llegó al domicilio de la condesa para entrevistarla acerca de su pasión por el séptimo arte, el mayordomo le anunció que a la aristócrata le había dado un ligero vahído y que por este motivo se hallaba encamada. Añadió que no era nada grave; y que, si no le importaba esperar, al cabo de dos horas le concedería la interviú.

Las palabras de aquel hombre vestido con librea contrariaron a Ramona porque el retraso iba a desbaratar sus planes de trabajo vespertino; pero a la vez la maravillaron, ya que le parecieron los vocablos ideales para excusar a la noble que, probablemente, se encontraba durmiendo la siesta.

Aceptada la demora de la conversación con la dama de prosapia, el criado le preguntó a Ramona que cómo le gustaría entretener la espera; a lo que ella respondió que viendo “Picnic” en la sala de cine de la mansión. Y a partir de ese momento, la protagonista de esta historia comenzó a vivir una experiencia maravillosa...

Un viaje en el que se sintió transportada desde el butacón en el que estaba disfrutando del filme y del güisqui que le había preparado el sirviente, hasta el interior de la gigantesca pantalla. Algo que ocurrió en el momento en el que sonaba “Moonglow”; y que por lo tanto, fue ella, y no Kim Novak, la que bajó las escaleras palmeando y moviéndose al compás de la música para bailar con William Holden. 

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