Después de tantos meses de pandemia, mi vocabulario se ha reducido. Antes, las palabras que me servían para expresar el pensamiento acudían raudas a mi magín; pero ahora, cuando las necesito, estas mismas palabras se muestran remolonas o ni siquiera aparecen.
Sé que esta mengua de mi fluidez verbal se debe a que cada día hablo menos; mas es que, desde que el bicharraco se presentó y nos obligó a vivir con limitaciones, mis oportunidades para conversar se han reducido considerablemente. A las amigas apenas las veo; y el palique telefónico no me va, ni el internáutico tampoco.
Sin embargo, como quiero que los vocablos vuelvan a inundar mi mente, me he hecho el propósito de platicar, platicar y platicar. Hacerlo con el gato que se cuela en el patio a eso del mediodía; con las vecinas que pasan por delante de mi ventana... Ejecutar soliloquios, uno por la mañana y otro por la tarde. Volver a practicar el visiteo convenientemente enmascarada...
Nieves Correas Cantos

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