¡Anda que no hemos utilizado la pandemia como pretexto! Antes de la misma, todos teníamos que discurrir excusas para eludir aquellos compromisos que no nos apetecía cumplir. Me refiero a justificaciones creíbles; evasivas que nos permitieran salir de un apuro quedando bien. Pero desde que llegó el bicharraco, no hemos necesitado darnos a imaginar. Hemos podido zafarnos de cualquier aprieto molestoso invocando los motivos más plausibles: que si las nuevas variantes; que si la tasa de incidencia; que si esto; que si lo otro...
Ciertamente que este juego de coartadas y subterfugios no nos ha servido para sortear los deberes morales, ya que a la conciencia no la podemos engañar.
Nieves Correas Cantos

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