I. Tres lugares mágicos
De pequeña, había tres lugares en el pueblo que me parecían mágicos: el cementerio, el cine y la papelería. Frecuentaba los tres; y los tres excitaban mi imaginación. El primero me hacía concebir imágenes tenebrosas; y los otros dos, representaciones de gran colorido y refulgencia.
II. Los cuadernos de doble renglón
La papelería era como el paraíso para mí; nunca me cansaba de estar en ella. Las postales en las que aparecían imprimidas ciudades de todo el mundo me encandilaban; las tarjetas de felicitación también; lo mismo que las cartulinas que expresaban afectos con una estética exagerada... En mi memoria permanecen los lápices Alpino, los sacapuntas, la tinta china, las estilográficas, las libretas de doble renglón...
III. La casa de María
Como el establecimiento no tenía título, yo lo llamaba “la casa de María” por ser éste el nombre de la dueña. Una mujer bonísima que siempre lograba sorprenderme con las cosas maravillosas que sacaba de los cajones o de la trastienda. Una fémina que a veces se me antojaba un genio que habitaba dentro de un plumier...
IV. Ardor puberal
En una ocasión, fui al cine a ver una película de Robert Taylor y quedé prendada de sus ojos. Era tal mi ardor puberal que, en cuanto pude, acudí a la casa de María a comprarme un banderín con su cara. Y pensaba aprovechar la ocasión para adquirir otro con la faz de Gregory Peck ya que me parecía el hombre más guapo del mundo. Pero cuál no sería mi decepción cuando llegué a la tienda y el ama me dijo que no poseía ninguno de los dos. Intentando aliviar mi aflicción, le pedí que me mostrara los que tuviera de otros artistas; y, al final, me decidí por los que llevaban estampados los rostros de Robert Wagner y Bobby Darin. Mas María y yo convinimos en que no podían compararse los primeros con los segundos; y, además, las dos estuvimos de acuerdo en que el cantante Bobby Darin tenía cara de bobalicón.
Nieves Correas Cantos

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