lunes, 28 de marzo de 2022

LA HABITACIÓN DE MI PRIMA

 Cuando era adolescente, la habitación de mi prima era el único lugar en donde me sentía feliz. Dentro de aquella enorme buhardilla podía obviar la envoltura que conformaba mi apariencia y dejar que surgiera mi verdadero yo; mostrarme sin sujeción y con entera libertad...

A salvo del inhóspito mundo exterior y mientras mi prima y mis hermanas se contaban sus escarceos amorosos echadas sobre un diván, me gustaba comportarme como un diletante. Contemplar la serie de láminas francesas que adornaban las paredes; hojear las diversas antologías que descansaban en los anaqueles; escuchar “El Mesías” de Händel... 

Mas lo que me atraía irresistiblemente de aquella buharda era el tocador. Con su gran espejo y la mesa llena de potingues, para mí representaba una fuente inagotable de creación artística y disfrute...

Necesitaba experimentar; maquillarme de mil maneras; probarme todos los vestidos de mi pariente; enjoyarme con los collares y pulseras que guardaba en un cofre labrado; calzar sus tacones...

Yo a mi prima la quería y la odiaba por igual. La consideraba mi alter ego, pero sin mis trabas. Un ser privilegiado con respecto a mí...

Nieves Correas Cantos


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