Normalmente, el sueño llega cuando lo necesito. Viene presto, eficaz... Se queda conmigo pocas horas; el tiempo justo para que me pueda restablecer.
Pero, en una ocasión, durante un viaje a Oporto, el sueño se despistó y nos perdimos el rastro. Estuvimos varios días sin poder ajustarnos ni confundirnos. Un período de vigilia tan prolongado que creí enloquecer...
Al cabo el sueño regresó. Cual amante capaz se apoderó de mí y me dejó narcotizada. Sucedió una tarde mientras escuchaba a Dinah Washington cantar “What a difference a day makes”; precisamente en el momento en que logré desterrar la ansiedad que me había provocado el permanente desvelo.
Nieves Correas Cantos

No hay comentarios:
Publicar un comentario