Yo siempre he sido un hombre de mucha cavilación. Desde pequeño, cualquier experiencia me ha movido a reflexionar...
Como cuando en la adolescencia me prendé de la hija de un huevero y le pedí relaciones. Recuerdo que la muchacha, después de oírme, me informó de que había tres aspirantes más a ser su novio y que teníamos que competir entre nosotros para ver a cuál le daba su favor. Añadió que la prueba consistiría en subir corriendo la Cuesta de la Barca y llegar hasta la puerta del cine; lugar donde ella estaría esperando para contemplar una película de Juanito Valderrama junto al vencedor.
Y a mí... ¿Qué quieren ustedes que les diga? De pronto esa fémina me provocó aversión. Se me vinieron a las mientes las clases de filosofía de don Roque y pude visualizar el concepto de “identidad”... ¡Me sentí cosificado!
Luego, con el tiempo, la disculpé porque en la mocedad es fácil pecar de frívolo; pero la evocación de aquel hecho aún me indigna.
Nieves Correas Cantos

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