sábado, 27 de julio de 2013

La Chuchurrida


A Clotilde, en el pueblo donde veraneaba, la llamaban la Chuchurría. Tal apodo aludía a su cuerpo enjuto y a su cara arrugada y se lo sacó una antigua sirvienta que, pese a haber sido tratada siempre con consideración, estaba llena de resentimiento.
    

domingo, 14 de julio de 2013

Maledicencia


En mala hora le toqué la cara y le dije que estaba muy fresquito a Ramiro, el marido de Rosalía. Desde entonces, ésta apenas me habla. Fue nada: el verano pasado, un día de tremenda calorina, nos encontramos por la calle el susodicho y yo, y como hacía bastante tiempo que no nos veíamos nos saludamos con un beso. Al juntar mi cara con la suya noté que estaba frío como un polo, y entonces, de manera instintiva, llevé mis manos a sus mejillas e hice un comentario acerca de su frescor. Me explicó que se acababa de duchar con agua del pozo y que se iba al bar a echar una partida con los amigos. Después, nos despedimos y cada uno se fue por su lado.
Luego no sé lo que pasó: no sé si Ramiro, haciéndose el irresistible, le contó una milonga a Rosalía, o algún vecino maledicente le fue con un cuento. Lo cierto es que, a raíz de aquello, la desconfianza se ha interpuesto entre nosotras.

Para Ramiro, que es panadero, el encuentro también ha tenido consecuencias. No ha podido hacer un curso sobre el arte de hacer madalenas (se moría por hacerlo) porque la escuela de repostería la regento yo, y eso para Rosalía era un peligro.   

viernes, 5 de julio de 2013

Abuela Nieves


Mi abuela Nieves me quería con locura, y yo a ella también. Me pusieron su nombre y fue mi madrina porque yo era la nieta mayor, y ésa era la costumbre entonces. Vivía en una casa muy grande con patio y desván. En el primero tenía una parra y un pozo; en el segundo, varias maletas llenas de trajes antiguos y un sinfín de cachivaches. Siempre que iba a verla, me daba una manzana y me dejaba registrar el desván. Allí descubrí dos quitasoles con dibujos chinescos que me encantaban y un mundillo con los bolillos y un encaje a medio hacer. Me contaba historias fabulosas que sus padres le habían contado, y como era oriunda de Alicante, me enseñó a hablar valenciano.

Creo que mi abuela era una gran mujer. Siempre me dijo que las personas valen por lo que son, y no por lo que tienen o por lo que aparentan tener. 

martes, 2 de julio de 2013

Mi vestimenta favorita


En verano, mi indumentaria preferida es una falda negra combinada con una camisa de color. La falda tiene más de veinte años. La compré durante un viaje que hice a Soria, y debe de estar hecha con material indestructible porque con los tutes que le doy… Las camisas son más nuevas. Las adquirí en una tienda muy estilosa que hay en la Gran Vía de Barcelona, y como fue durante el período de rebajas, resultaron baratísimas. Las tengo en diferentes colores: rosa, azul, amarillo, malva… Ponerme una u otra depende de mi estado de ánimo y del lugar adónde voy.

lunes, 1 de julio de 2013

Copa Confederaciones


Anoche, me hubiera gustado ver la final de la Copa Confederaciones entre España y Brasil, pero no pude hacerlo porque a la hora en que se celebró (las doce de la noche hora de aquí) yo estaba roque. Cuando me he despertado, a eso de las cuatro de la madrugada, le he dado un empujón a mi marido para que se espabilara y le he preguntado sobre el resultado. Sabía que sería una faena porque se le cortaría el sueño y no podría volver a dormirse, pero como era un partido tan apasionante, no podía resistir la curiosidad.

Nosotros somos aficionados al fútbol pero con medida: disfrutamos con los partidos decisivos; no nos emberrinchamos ni pataleamos cuando nuestro equipo pierde; no llamamos “hijo de puta” al jugador contrario cuando nos mete un gol; y no alcanzamos el éxtasis cuando ganamos aunque nos alegremos mucho.

domingo, 30 de junio de 2013

La Verbena de San Juan


Desde hace tiempo tengo una fantasía recurrente. En ella me siento transportada a un entoldado donde se está celebrando la verbena de San Juan. Es por los años de 1960; yo soy joven y estoy eufórica. El confeti y las serpentinas caen sobre mí mientras giro y giro sin parar. Mi partenaire no tiene cara, pero sé que es una de las razones de mi perfecto estado de bienestar. Me he vuelto invulnerable, y siento que nada ni nadie me puede herir.

En cierto modo mi ensueño se parece a aquella escena de la adaptación cinematográfica de “Últimas tardes con Teresa” en la que los protagonistas están bailando en una fiesta en el Carmelo; la diferencia es que en sus oídos suena el bolero “Niña” y en los míos el bolero “Cabaretera”.

sábado, 8 de junio de 2013

El cantor


Cuando la superferolítica Carmina se acostó, aunque hacía mucho calor, se subió la sábana hasta la barbilla para evitar que le picaran los mosquitos. Sin poder dormir y oyendo continuamente el zumbido de tan molestos insectos, estaba al borde de la histeria cuando oyó rasguear unas guitarras debajo de su balcón. En un primer momento no supo a qué se debía este hecho, pero cuando después de los primeros acordes Francisco José empezó a cantar “Cielito lindo”, se percató de que le estaban dando una serenata. Los efectos de los gorgoritos del cantor en su espíritu fueron mágicos, porque el desengaño y la mala leche acumulada por no haber sabido de él en toda la semana desaparecieron enseguida, y su corazón fue ocupado por una emoción muy intensa que la hizo suspirar.
Lo que procedía a continuación era salir al balcón y Carmina así lo hizo; pero necesitó Dios y ayuda, porque era de natural tímido y vergonzoso. Su madre, su abuela y su tía, que para entonces estaban con ella en la habitación, le ayudaron infundiéndole ánimo. Cuando la serenata finalizó, la familia invitó a los jóvenes a un refrigerio.