lunes, 1 de julio de 2013

Copa Confederaciones


Anoche, me hubiera gustado ver la final de la Copa Confederaciones entre España y Brasil, pero no pude hacerlo porque a la hora en que se celebró (las doce de la noche hora de aquí) yo estaba roque. Cuando me he despertado, a eso de las cuatro de la madrugada, le he dado un empujón a mi marido para que se espabilara y le he preguntado sobre el resultado. Sabía que sería una faena porque se le cortaría el sueño y no podría volver a dormirse, pero como era un partido tan apasionante, no podía resistir la curiosidad.

Nosotros somos aficionados al fútbol pero con medida: disfrutamos con los partidos decisivos; no nos emberrinchamos ni pataleamos cuando nuestro equipo pierde; no llamamos “hijo de puta” al jugador contrario cuando nos mete un gol; y no alcanzamos el éxtasis cuando ganamos aunque nos alegremos mucho.

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