Anoche, me hubiera gustado ver la final de la Copa
Confederaciones entre España y Brasil, pero no pude hacerlo porque a la hora en
que se celebró (las doce de la noche hora de aquí) yo estaba roque. Cuando me he
despertado, a eso de las cuatro de la madrugada, le he dado un empujón a mi
marido para que se espabilara y le he preguntado sobre el resultado. Sabía que
sería una faena porque se le cortaría el sueño y no podría volver a dormirse,
pero como era un partido tan apasionante, no podía resistir la curiosidad.
Nosotros somos aficionados al fútbol pero con medida:
disfrutamos con los partidos decisivos; no nos emberrinchamos ni pataleamos
cuando nuestro equipo pierde; no llamamos “hijo de puta” al jugador contrario
cuando nos mete un gol; y no alcanzamos el éxtasis cuando ganamos aunque nos
alegremos mucho.

No hay comentarios:
Publicar un comentario