Mi abuela Nieves me quería con
locura, y yo a ella también. Me pusieron su nombre y fue mi madrina porque yo
era la nieta mayor, y ésa era la costumbre entonces. Vivía en una casa muy
grande con patio y desván. En el primero tenía una parra y un pozo; en el
segundo, varias maletas llenas de trajes antiguos y un sinfín de cachivaches. Siempre
que iba a verla, me daba una manzana y me dejaba registrar el desván. Allí
descubrí dos quitasoles con dibujos chinescos que me encantaban y un mundillo
con los bolillos y un encaje a medio hacer. Me contaba historias fabulosas que sus
padres le habían contado, y como era oriunda de Alicante, me enseñó a hablar
valenciano.
Creo que mi abuela era una gran
mujer. Siempre me dijo que las personas valen por lo que son, y no por lo que
tienen o por lo que aparentan tener.

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