Siempre que entraba en la tienda de ultramarinos “El tomate y el cacao”, veía dos cabezas cuchicheando detrás del mostrador: la del tendero Paco y la de su comadre Ginesa. Sentados uno frente al otro, me ofrecían la parte superior de sus testas antes de levantar los ojos hacia mí:
-¿Qué quieres, muchacha? - me preguntaban, contrariados por haber tenido que interrumpir su secreteo.
Y yo, mientras les enumeraba la lista de la compra, trataba de imaginar cuáles podían ser las cosas tan reservadas y ocultas que hasta mi llegada se habían estado contando aquellos dos seres, considerando que en aquel pueblo nunca ocurría nada especial...
Nieves Correas Cantos

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