Ahora, cuando camino, siempre miro donde pongo los pies. Antes no lo hacía; pero desde la caída que tuve el año pasado, nunca omito tan necesaria cautela. Y es que me pegué un porrazo tremendo; un trastazo que podía haber tenido consecuencias graves.
Asimismo, si antaño me era indiferente deambular por un tipo de terreno o por otro, ogaño me atemorizan los suelos de cemento con desniveles y los bordes de las aceras; aunque dichas diferencias de altura estén señalizadas.
En fin, que toda yo soy un cuadro; que por la calle parece que vaya pisando huevos; que cada día me asemejo más a un ave palmípeda con gafas y zapatones...
Nieves Correas Cantos

No hay comentarios:
Publicar un comentario