domingo, 25 de enero de 2026

EL MAMBO Y EL PILPIL

 Cada mediodía voy a comprar. Hay jornadas en las que no necesito nada; sin embargo, aun así voy a comprar. De lo que se trata es de no quedarme en mi casa metida; de salir a la calle y alternar...

EL MAMBO Y EL PILPIL

Cada mañana, a eso de las once, me dirijo al puesto de ultramarinos. Antes de partir me acicalo un poco; no mucho porque la circunstancia tampoco lo requiere; aunque un toque de rouge en los labios siempre me doy. No sé cómo explicarlo. Esa pincelada de color es algo que preciso. Mi pintalabios es una especie de carmín mágico que me hermosea y me infunde valor.

Hay días en los que lo único que me hace falta del comercio es un pimiento, una cebolla o incluso unos dientes de ajo para preparar el pilpil. Pero no importa la poqueza de mi pedido: de lo que se trata es de no permanecer encerrada entre cuatro paredes; de pisar la vía pública y hacer vida social.

Ayer, unas coetáneas que me encontré adquiriendo guindillas me animaron a ir con ellas a clases de mambo. En principio no me veo yo en semejante tesitura; mas la propuesta está ahí...

Nieves Correas Cantos


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