domingo, 25 de enero de 2026

EL HOMBRE DEL AZULETE – Confesiones de una puritana

 Aquel individuo sí que era atractivo. Me refiero al tipo que vendía el añil con el que tintábamos las prendas de ropa y las paredes. A ese que llamaban el hombre del azulete. Yo fantaseaba que me encamaba con él. Cuando me explicaba cómo debía utilizar el famoso pigmento, me bastaba mirar una sola vez hacia sus peludos antebrazos para sentirme encendida. Y también me seducía con su voz; sobre todo en los momentos en que me hablaba al oído...    

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