Los botones de mi chaqueta están a punto de caerse. ¡Todos! ¡Los dieciséis! Como despreciables colgajos, penden de la pechera y de las mangas de mi americana revelando mi dejadez. Yo los miro y ellos me miran. -¡Descuidada!- parecen decirme.
Espoleada por la vergüenza que me provoca la anterior visión, decido recoser los botones enseguida; pero mientras busco los útiles de costura, reparo en el número de piezas que hay y me vuelve la desgana. ¡No lo quiero ni pensar! ¡Con lo poco que me gusta zurcir y las incontables veces que tendría que enhebrar la aguja!
Nieves Correas Cantos

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