domingo, 25 de enero de 2026

EL HUECO Y EL MONAGUILLO

 Aquel hueco me atraía de manera irresistible. Me refiero al espacio que quedaba entre los barrotes de la reja del presbiterio: un vacío de forma rectangular y anchura reducida que me empeñé en atravesar con la cabeza. Y mira que el cura no dejaba de advertirme: “¡Ni se te ocurra meter la testa por ahí!”. Pero como yo estaba obsesionado con la idea, en cuanto se me presentó la ocasión allá que la introduje. Después no la podía sacar; y, ante el sinfín de recursos que hubo que poner en acción para solucionar el problema, el clérigo acabó con la cara de un color rojo encendido y encorajinado de verdad.

Nieves Correas Cantos


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