domingo, 7 de junio de 2020

LA SOSA CÁUSTICA: PULLAS Y PUYAZOS


Yo no te puse el apodo, Perpetua; aunque creo que no puede ser más oportuno y apropiado. Tus palabras siempre son acres y no tienes gracia; así que el sobrenombre de “La sosa cáustica” te califica por entero.
Te pasas la vida soltando impertinencias sin que te entre en la cabeza que los demás no tienen por qué aguantarlas. Pero es que tus dardos no son simples chafalditas, chilindrinas o como quieras llamarlos, que sólo molestan. Tampoco son pullas de más entidad... No, lo que tú arrojas por la boca son puyazos que buscan humillar a la gente. Tu voz es como una garrocha que hundes en el orgullo de los otros, y la mueves y la mueves hasta que los dejas sin dignidad. ¿Sabes qué? Me das mucha pena; y tus maldades, después de entender a que obedecen, me resultan patéticas. Supongo que de joven tendrías ilusiones y esperanzas como todo el mundo; aunque por lo amargada que estás, pocas de esas expectativas se deben de haber cumplido. Creo que deberías reflexionar...   

¡CASI TODOS SE TOCAN!


Si alguien quiere irse a vivir a un pueblo, lo primero que tiene que saber es que, en ellos, la mayoría de los vecinos son familia. El grado de parentesco puede variar; pero tocarse, casi todos se tocan. ¿Y por qué digo esto? Pues porque si el forastero es aficionado al critiqueo, es fácil que meta la pata; que vitupere a un nativo delante de otro nativo, y que luego resulte que ambos son primos; cuñados; tío y sobrino...
Para evitar caer en una situación tan bochornosa como la anterior, el criticón debe recordar siempre la existencia de estos vínculos familiares entre las gentes del lugar; y, para ello, puede visitar cada mañana el cementerio pueblerino y observar como los mismos apellidos se repiten en casi todas las lápidas. Aunque lo más práctico es que, antes de ponerse a hablar mal de fulano o de mengano, le pregunte al paisano que tiene enfrente si los susodichos le tocan algo.

Y AMPARO DIJO ¡SÍ!


Los que llamaban trolera a Amparo se equivocaban. Lo que le ocurría a esta interesante mujer es que era muy fantasiosa y se dejaba llevar por la imaginación. Su existencia gris, después de pasar por el túrmix de su fantasía, salía convertida en un mosaico de luz y color. Los que la conocían dudaban de que alguna vez fuese capaz de decir una verdad; pero como todo lo contaba con mucha gracia, la escuchaban con agrado.
El amor secreto de Amparín era un torero. A ella no le gustaba la lidia, pero como en los sentimientos no manda nadie, el matador la tenía subyugada. Seguía su vida en las páginas del papel cuché; y, cuando lo veía acompañado de alguna beldad, se descomponía.
Una vez que Ampa visitó determinada capital de provincia, volvió refiriendo que se había hospedado en el mismo hotel que el dueño de su corazón y su cuadrilla; y que, cuando se quedó encerrada en el ascensor con él, el espada, gallardo y altanero y con el traje de luces puesto, le recitó ese verso de Eduardo Alonso que dice: 

“Quiero una palabra corta 
de ti
Lo demás nada me importa.
Dime... ¡sí!”

JUANITA SUI GÉNERIS


Amante de los boleros
Siempre que pienso en ti me acuerdo de Juana Sui Géneris; esa pariente tuya que, por no haber tenido hijos, te quería de una manera especial. La mujer librepensadora y amante de los boleros que vivía de una pequeña renta y que se dedicaba a pintar.

El rebuzno de los pollinos
En las ocasiones en las que oigo pontificar a los que creen ser doctos, o decir banalidades a los que pretenden entretener, añoro la sutileza de su discurso y cómo nos ganaba con su ingenio. Y viendo como la excelencia ha quedado demodé y cualquier iletrado puede llegar a la cumbre, echo de menos sus comentarios agudos sobre los jumentos y sus rebuznos.

Un mundo opresivo
Tu tía fue nuestra salvación en aquel mundo opresivo de entonces. Al traspasar la puerta de su casa dejábamos fuera los convencionalismos y demás reglas a las que nuestras conductas debían ajustarse; y, escuchando “Historia de un amor” y “Contigo aprendí”, desaparecía nuestra sensación asfíctica y no había norma que no nos apeteciera quebrantar.

Disfrazados de burgueses
En ese ambiente, exentos de temor, pudimos amarnos sin cortapisas. Ganamos en seguridad y atrevimiento; y, cuando quisimos asistir al estreno de “Anónimo Veneciano” disfrazados de matrimonio burgués, Juanita me prestó a mí una peluca y un traje sastre, y a ti una chaqueta y una corbata que un antiguo amante había dejado olvidadas en su armario.

UNA LINDURA MULTICOLOR


El bolso, si lo miras ligeramente, te parece de jarapa. Pero cuando lo coges entre las manos y te fijas en él, adviertes que es una labor de ganchillo hecha con hilos de muchos colores. Sus asas son negras y su forro estampado; y, para completar la descripción, diré que tiene una forma rectangular y el tamaño de un folio.
Esta especie de talega, de la que acabo de definir su apariencia, es un regalo que me hicieron hace unas semanas; un obsequio con el que lograron conmoverme. Primero, porque fue inesperado; y después, porque era obra de la persona que me lo dio.
Desde el primer momento la filigrana me encantó, y enseguida supe que iba a ser el complemento perfecto de un vestido negro que me compré hace años en una boutique en Bagur; un modelo precioso al que esta pizca de color iba a añadir lustre...
Y mientras llega el verano y lo puedo lucir, pienso que si tal o cual famoso lo patrocinara, mi bolsito causaría sensación. 

EN BUSCA DE LOS GUATEQUES PERDIDOS


Esta mañana, a Juan lo han inspirado las canciones de los Bee Gees; y a mí, ha sido “Ho capito che ti amo” la que me ha sugerido este escrito.

Cuando por los años de 1967 los chicos mayores invitaron a Eloína y su pandilla a uno de sus guateques, éstos experimentaron una intensa emoción. Si ya de por sí la adolescencia los tenía en constante perturbación, aquella llamada los trastornó por completo. Y es que hay que tener presente que los invitadores eran sus ídolos; las personas a las que, en el campo de lo festivo, admiraban e intentaban emular.
La víspera del gran día, Elo y su grupo fueron con sus nuevos amigos al antro donde se iba a celebrar el jolgorio, para adecentarlo; aunque eso sí, procuraron que la limpieza no fuera muy concienzuda porque ya se sabía que la mugre, en la cantidad precisa, creaba ambiente.
Y a la hora de asistir a la fiesta, E. lo hizo muy peripuesta con su vestido yeyé. Estaba tan alterada que apenas podía respirar; y, cuando empezó a sonar “Ho capito che ti amo”, un muchacho la sacó a bailar...

sábado, 22 de febrero de 2020

DEMASIADO PAN


Hoy el tema de mi escrito iba a ser la metafísica; aunque, como me he comido casi una barra entera de pan en el desayuno, creo que lo que procede es hablar de este alimento básico. Yo soy panera y no lo soy. Me explico: me gusta comer pan con algo, pero soy incapaz de comer algo con pan. Tomo pan y chocolate al empezar el día, y un chusco con un poco de queso o jamón al caer la tarde. En cambio,  no concibo engullir un guiso con pan.
No sé si son manías mías, pero la masa de harina cocida me sabe mejor unos días que otros; y es evidente que esta mañana, me ha parecido un manjar. A las cuatro me he preparado el almuerzo y he pasado a ingerirlo: primero kiwi; y, después, un tazón de leche y una pieza de pan acompañada de ese alimento exquisito que se hace con cacao y se presenta en tabletas...
Y he empezado a comer y comer y a satisfacer mi apetito; pero, como el pan estaba tan bueno, continué zampando hasta que no quedó más.
¡Menos mal que tengo todo el día para gastar este exceso de condumio!