La otra tarde, mientras nos tomábamos un gin-fizz, Gertrudis y yo estuvimos rememorando nuestra adolescencia. Días de desconcierto y fervor en los que escuchábamos “Tombe la neige” completamente arrobadas. Prendadas de dos astros del cine francés cuales eran Jean-Paul Belmondo y Alain Delon.
Entonces todo lo que venía del país vecino nos parecía sofisticado: el vestido de una tienda de modas de París que tenía su abuela; la crema antiarrugas y el perfume de gardenias que se hacía traer de la misma ciudad; las postales sobre la belle-époque que comprábamos en la tienda de María...
Como también consiguió deslumbrarnos una turista que apareció en el pueblo procedente de la Ciudad de la Luz. Se llamaba Aurélie; le decía déshabillé al salto de cama y estaba perdidamente enamorada de Serge Gainsbourg...
Nieves Correas Cantos

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