Todas las mañanas, cuando voy a comprar, me encuentro con un hombre que está cantando en la puerta de una residencia de ancianos. Al hombre lo hallo siempre en idéntica posición: sentado en la banqueta de un tacataca y con los antebrazos apoyados sobre las asas del mismo. Lo que cada día varía es la pieza que interpreta el buen señor: a veces entona una copla; en otras ocasiones un bolero; incluso le he oído pasodobles y foxtrots...
Aunque el viejo parece absorto en su romanza, sé que advierte mi presencia por un reflejo apenas perceptible de sus ojos y la inflexión que hace con la voz. En esos momentos me siento tentada de preguntarle por la razón de su canto; pero, el miedo a resultar indiscreta me paraliza y no me puedo expresar...
Nieves Correas Cantos

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