Antiguamente no se usaba la expresión “tonto útil” para referirse a un seguidor poco advertido, al menos que yo recuerde. Antiguamente, a dicho incondicional se le llamaba simplemente memo.
En los tebeos que leía de pequeña, las huestes de los malvados se componían de esbirros, resentidos y memos. Los primeros, con cataduras horribles, siempre se movían por interés; los segundos se agitaban por rencor; y los terceros, con aspecto hechizado, por una confianza ciega...
Nieves Correas Cantos

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