Después de siete horas de viaje, llegué al pueblo derrengada; deseando coger la cama para descansar. Tomé una cena ligera y me acosté; pero cuál no sería mi desesperación cuando, estando a punto de dormirme, el Mambo Nº 5 comenzó a sonar: “Uno, dos, tres, cuatro, cinco...” Fue como un estallido que me despabiló por completo; un canto excitador que se coló por el balcón sin mi permiso y que me pareció infernal. Entonces me percaté de que ese día se celebraba el Baile del Geranio Rojo en las inmediaciones de mi casa; y también advertí que el jolgorio, con todo su estrépito, acababa de empezar...
Nieves Correas Cantos

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