Ayer, mientras nos tomábamos un vermú, mi amiga Encarna y yo estuvimos recordando a don Toribio. A un maestro singular que para conseguir que los alumnos escribiéramos bien y leyéramos mejor siempre teatralizaba sus clases. Evocamos especialmente el día en que disfrazado de renglón y expresándose con tiesura nos dijo: “No olvidéis que el que escribe se retrata y el que lee e interpreta lo escrito también”.
Nieves Correas Cantos

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