viernes, 14 de enero de 2022

CECILIO PÉREZ Y LOS CARCUNDAS

 Siento una gran debilidad por Cecilio Pérez. Sí, ese ser extravagante al que los carcundas del pueblo fingen desdeñar llamándolo fantoche. El hijo de la Maribel. El dandi que va por las calles luciendo fulares...

Es un pintor extraordinario. Un artista que obvia reglas y preceptos. Un genio que perturba con sus lienzos...

El asunto acerca del que incide en sus obras es el de la libertad; o, más bien, el de la falta de ella. Dibuja grillos y cadenas que representan deberes morales que nos impiden volar. Rejas hechas con barrotes de miedo que reprimen cualquier anhelo. El terror a perder la seguridad y comodidad que proporciona el estatus...

Cecilio Pérez y yo nos visitamos con frecuencia; y, como sabe que me subyuga con su estilo, en mi presencia prodiga gestos y actitudes decadentes mientras nos tomamos una absenta. 

Mi amigo es un admirador incondicional de mis escritos. Me resulta emocionante que además de disfrutarlos, se valga de ellos para aprender él y enseñar buen español a sus sobrinos.

Nieves Correas Cantos

EL TIEMPO DETENIDO

 Eres muy afortunada, Nieves; tú y todos los que llegados a la madurez disfrutáis de una pasión. No te puedes imaginar lo que supone entrar en esta edad sin tener ninguna. Al comienzo de la jubilación, disponer de las veinticuatro horas del día te parece fantástico; pero, a medida que pasan las jornadas, si no encuentras en qué emplearlas, esa satisfacción inicial se va transformando en desagrado.

Sin algo que te absorba, el tiempo se te acaba antojando un inmenso agujero negro imposible de llenar. Un monstruo al que intentas entretener para que pase rápido, sabiendo que es muy difícil de engañar. Las agujas del reloj apenas avanzan mientras tú, aburrido y desesperado, te entregas por entero a la telebasura y/o a recorrer aceras...

Nieves Correas Cantos

EL PENÚLTIMO VERANO

 Las vacaciones

En una época veraneé muchas veces en Vejer. El lugar me parecía de una belleza arrobadora; y sus costumbres, clima, habla y demás eran tan distintos a los de Barcelona que pasar allí unas semanas me permitía experimentar una cumplida renovación.

La nube negra

Pero un año, y no sé en qué momento de la holganza lo hizo, apareció una sombra que vino a empañar mi ánimo. Un mal presentimiento que no me abandonaba ni de noche ni de día. La sensación de que algo horrible iba a suceder en mi vida en los meses posteriores...

Recuerdo que una mañana, cuando estaba bañándome en la Playa del Palmar, esta impresión se hizo más patente. Me vi en el siguiente estío sumergida en las mismas aguas, pero siendo ya otra persona a causa del dolor. Lo que no podía adivinar era qué iba a provocar ese dolor, aunque sí sabía que tal cosa ocurriría indefectiblemente.

Toreros, folclóricas y rocanrol 

Buscando hacer más llevadera esa desazón que me atenazaba, me refugié en el rocanrol. Ocupaba las horas muertas bailando a su ritmo; mas como no obtenía resultado, probé con el esperpento. Fui a visitar lugares donde vivían toreros y folclóricas; y, sin ser en absoluto mitómana, jugué a comportarme como la más acérrima fan. Me fotografié en la puerta de Cantora, en Ambiciones, en el coso rondeño... Indudablemente aproveché las ocasiones para comprar alfajores en Medina Sidonia; comer en Ubrique; pasear por las calles de Ronda...

La vuelta a la ciudad

Después, a finales de agosto, volví a la ciudad. Y aquel otoño, unas jornadas antes de que entrara el invierno, el presagio anunciador se hizo realidad. 

El último estío

En la canícula siguiente volví a Vejer sabiendo que tardaría mucho tiempo en regresar. Un amanecer, mientras nadaba en las frías aguas del Palmar, recordé el verano anterior y me sentí invadida por la nostalgia...

Nieves Correas Cantos

ME SIENTO PERDIDA

 En esta etapa de mi existencia me encuentro perdida, desorientada. No me siento joven ni tampoco vieja. Estoy inmersa en una situación desdibujada en la que desconozco qué posición ocupo respecto de los demás; y ni siquiera estoy segura de tener posición... ¡No sé qué soy!

Esta actitud se traduce en que cada día que pasa tengo más apatía y menos ganas de escribir. Las ideas continúan brotando de mi cabeza con la misma facilidad; mas ahora no se materializan en nada porque la pereza me impide desarrollarlas. Siempre estoy buscando excusas para eludir la creación. Pese a lo insatisfactorio que resulta, me sumerjo en el magma de la pasividad... 

Lo que sí me gustaría hacer es un largo viaje. Antes de que llegue ese invierno definidor que fijará claramente mi estado, me encantaría peregrinar por el mundo. Durante dos años, andar de la ceca a la meca sin más propósito que descubrir. Intentar penetrar en la esencia de muchas cosas para ir concluyendo la función...

Nieves Correas Cantos 

DE PASEO CON MI NIETA

 I

Cuando José y yo damos un garbeo con Aurora, no pasamos desapercibidos. Vamos hablando con ella haciendo inflexiones con la voz; y, si se pone terca pretendiendo salir del carrito, para disuadirla nos ponemos a cantar: 

                                              “La muchachita, la guapetona

                                                la precioseta, la cucufita

                                                pum pum pum...”


Esta última palabra, “cucufita”, no existe; pero es una manera de llamarla que me sale del corazón. 

Ante semejante espectáculo, algunos transeúntes que se cruzan con nosotros disimulan; otros sonríen; y también hay quien, enternecido, nos hace un comentario afectuoso.

II

A mi nieta le encanta la calle. Todo lo que ve en la misma despierta su interés: las copas de los árboles; las hojas que caen; los grafitis; los autobuses; unos carteles con una figura muy característica que aparecen repetidos en muchas paredes...

III

En nuestro camino nos detenemos delante de un escaparate donde se expone un indio de cartón piedra gigante. Lleva la cabeza adornada con plumas y su semblante es serio; mas la pequeña, lejos de atemorizarse, lo mira, nos mira y se ríe... 

Después nos dirigimos adonde están las palomas y la excursión se convierte en una fiesta. Con la renacuaja en los brazos por riguroso turno y sin pensar en que nos podemos baldar, nos dedicamos a seguirlas con gran entusiasmo y muchos aspavientos... 


Nieves Correas Cantos

LOS CAÑOS DE PAÑO

 Normalmente puedo ponerme el chaquetón sin dificultad. Pero algunas veces, cuando ya tengo metido un brazo en una manga, la mencionada prenda parece revolverse y me es imposible completar la operación.

Es lo que me sucedió la otra mañana estando en la calle. Intenté embutirme en el gabán que hasta ese momento había llevado sobre los hombros y me quedé a medias. Con la extremidad superior izquierda introducida en su correspondiente caño de paño, no logré encontrar la abertura del conducto parejo de ningún modo. Al final, y coincidiendo con el afloramiento de una lágrima (no sé si de frío, impotencia o ambas cosas), un alma caritativa vino a salvarme. Acercándose por detrás, cogió la parte colgante de mi abrigo y me ayudó a terminar de ponérmelo. 

Nieves Correas Cantos  

DE RIBAZOS Y MAMPORROS

 De todas las irregularidades del terreno, a las que les tengo un especial cariño es a los ribazos. En alguno de estos taludes que tanto abundaban en mi pueblo están puestos mis recuerdos; experiencias que marcaron mi niñez.

En uno de estos declives la alfarera ponía sus vasijas a secar. Botijos, alcancías, bacines, cántaros, lebrillos... aparecían colocados en el suelo; y los castizos llamaban a este lugar la cuesta del Piporro, de la Hucha o de los Orinales, según estuvieran haciendo honor a los primeros recipientes mencionados, a los segundos o a los terceros.

En otra de estas pendientes me fijaba yo cuando llegaba la primavera. Su superficie cubierta de yerba, amapolas y margaritas permanece en mi cabeza como símbolo de esta estación. Y por otra ladera nos dejábamos caer rulando mis amigas y yo una y otra vez.

También, en el que de resultas se llamó el escarpe del Mamporro, una muchacha muy pudorosa le arreó un golpe a un mozo que intentó besarla en el momento en el que estaba desprevenida...

Y había más costanas en mi pueblo. Ribas y faldas por la que transité y que guardo en la memoria.

Nieves Correas Cantos