Normalmente puedo ponerme el chaquetón sin dificultad. Pero algunas veces, cuando ya tengo metido un brazo en una manga, la mencionada prenda parece revolverse y me es imposible completar la operación.
Es lo que me sucedió la otra mañana estando en la calle. Intenté embutirme en el gabán que hasta ese momento había llevado sobre los hombros y me quedé a medias. Con la extremidad superior izquierda introducida en su correspondiente caño de paño, no logré encontrar la abertura del conducto parejo de ningún modo. Al final, y coincidiendo con el afloramiento de una lágrima (no sé si de frío, impotencia o ambas cosas), un alma caritativa vino a salvarme. Acercándose por detrás, cogió la parte colgante de mi abrigo y me ayudó a terminar de ponérmelo.
Nieves Correas Cantos

No hay comentarios:
Publicar un comentario