A mí, lo que verdaderamente me abruma es la monotonía. El machaqueo constante sobre esos asuntos que, de tan manidos, parecen a punto de pudrirse. Sobre todo, si la exposición de dichos asuntos viene cargada de argumentos archisabidos y/o de banalidades...
En los momentos en los que me enfrento a situaciones como la que describo, lo que hago es huir. Tomar el pendingue y marcharme a realidades que me resulten más atractivas. Desembotar la mente y los sentidos para así poder captar la belleza oculta de las cosas. Probar a verlo todo con una nueva mirada...
Y contemplando la luna estaba la otra noche cuando un lugareño que volvía de recoger la oliva se me puso al lado y comenzó a cantar a lo Pepe Marchena:
“Tiene cerco la luna
la luna tiene cerco
tiene cerco la luna
mamita mía mi amante muerto...”
En medio de aquella magia campera, me emocioné. Reconocí la canción tradicional “Los cuatro muleros” y me acordé del sencillo de los Pekenikes que compré en mis años mozos. Del poema de García Lorca y de aquel tiempo maravilloso...
Nieves Correas Cantos

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